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martes, 10 de septiembre de 2013

Reflexiones para una resaca.



1987, el best seller de la literatura infantil Enrique Barrios daba una charla sobre su libro Ami,el niño de las estrellas. Me senté en la segunda fila en la butaca del medio. Había leído su libro y quería escucharlo contar sobre cómo lo había escrito, qué misterio había en el proceso de creación para que un libro fuera el más vendido y otro no. Mi sed de saber estaba dividida entre la teoría de la escritura creativa y el mercado del libro. Pero sobre todo, quería tener cerca al escritor que había conseguido que su libro se leyera en todos
los rincones del planeta por niños, jóvenes y adultos. Era una época de cambios, de incertidumbre, de pobreza enquistada en América Latina. Su libro llegó trayendo aires de esperanza, de tolerancia embebiendo a grandes y pequeños en una armonía tan necesaria como difícil de conseguir en el día a día.
La conferencia comenzó a tiempo, estábamos allí un nutrido grupo de personas mayores que nos permitíamos ver elefantes ocultos bajo sombreros.
Comencé escuchando sus palabras pero terminé perdida en mis propios pensamientos cuando me di cuenta de que no quería estar solo de este lado de la tarima porque escuchando a Enrique Barrios descubrí que quería estar del otro lado. Así fue como este hombre que hablaba de niños extraterrestres con un mensaje de amor y paz para los humanos, me abrió las puertas a mis deseos más ocultos. Los más sublimes y los más perversos, porque ser escritor implica ambas cosas.

Mi primer libro publicado fue Paula y la música del corazón, un álbum ilustrado editado a la uruguaya que se vendió… digamos que bien. En aquel entonces quien les cuenta tenía una modestia absurda y malentendida que le impedía decir en voz alta, este libro lo escribí yo. La misma timidez que me impidió ver que la mejor compañía, el mejor aliado, la mejor estrategia para llegar a los lectores, es estar al lado del librero, escuchar sus consejos y aprender como una esponja todo lo que pueda transmitirte sobre sus clientes – lectores. Hacerse amigo del librero, que le dicen. Así son las cosas, si naces bajo el signo de Virgo, siempre pensarás que lo podrías haber hecho mejor y tendrás que luchar contra el perfeccionamiento que te impide mostrarte tan orgullosa de tu obra como verdaderamente lo estás. 
Han pasado muchos años y no he dejado de escribir, unas veces más y otras, menos.
He pasado por períodos de sequía de ideas, he sufrido inseguridades… como todos los que desnudamos el alma en cada palabra.
Sin embargo, la necesidad de escribir, de comunicar, de contar es tan fuerte que antes o después vence todas las barreras, quizá por eso tengo esta sensación de vacío enorme aquí dentro. Porque cuando terminas una obra y la entregas, sientes que un trozo de ti se va con ella, te quedas exhausto, febril y perdido frente a una nueva página en blanco. Es como amanecer con una terrible resaca.

Pueblo donde se desarrolla la historia.
La herencia maldita comienza una nueva etapa, la acompañaré en su camino contando cómo la escribí, cuáles fueron mis fuentes, si desayuno té o café, respondiendo preguntas o compartiendo silencios. Estaré del otro lado de la mesa, donde siempre quise estar, mirando a mis lectores con el respeto que siempre me han merecido sus miradas, sus consideraciones, sus inquietudes.

Hoy es 10 de septiembre de 2013 y esta pasión por las letras que despertó aquella tarde de tertulia, sigue tan activa como entonces.