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martes, 31 de enero de 2012

TERROR INTELIGENTE



Me enamoré de la cubierta de este libro. Destacaba por su falta de colorido, por la elegancia de su saber estar, por la belleza de las ilustraciones que buscaban seducir y advertir al posible lector del contenido de sus páginas. Bello, fue la primera palabra que se me vino a la cabeza. Luego pensé, “lo quiero para mí”. Una necesidad imperiosa de leer los cuentos que vivían entre sus páginas color hueso. Tenía ilustraciones de personajes desgarbados de ojos grandes realizadas e impresas a una sola tinta. El conjunto funcionó. Terminé llevándomelo a casa. Un objeto bello, lleno de historias de terror. Prometía.
El libro durmió primero en mi mesita de noche y luego en una de las estanterías de mi despacho, hasta que un día, hace poco, me llamó con su silbato de vibraciones, y me acerqué a él sin saber que estaba haciendo lo mismo que los protagonistas de los relatos que contiene.
Todas las historias convergen en una, la del viejo y excéntrico tío Montague.
Descubrimos entonces dos historias, la de Edgar, un niño con padres ausentes, incapaces de prestarle atención, que va a casa de su tío a dejarse fascinar por las historias y que es quien nos cuenta en primera persona lo que ocurre durante su visita a la gran mansión. Y por otro lado, está tío Montague, que va narrando la memoria de los objetos que pueblan la mansión que habita a su sobrino Edgar.
Cada relato es acompañado con té caliente que atempera el frío que recorre las paredes de la casa. Edgar es el típico niño que peca de creerse dueño de pequeñas verdades, por eso cree que le hace un favor al anciano escuchándolo. Yo hacía lo mismo con mi abuelo, con mis tías, con alguna que otra viejecita parlanchina del autobús, ¿quién no lo ha hecho?
Lo cierto es que llega un momento en que Edgar está atrapado entre la curiosidad, el morbo y el miedo que le atenaza el estómago. Comienza a sentirse observado, a escuchar sonidos fuera de la habitación con chimenea, ve caer la tarde y el bosque que rodea la casa del tío le anticipa sus fauces babeantes.
Edgar siente miedo. Edgar no sabe si lo que está escuchando es producto de la fantasía o la verdad más cruel de la vida y del más allá.
Edgar siente miedo y yo también lo sentí mirando por encima de mi hombro mientras leía.
Son historias tan bien narradas, tan sencillas y tenebrosas, que parecen aquellas que solía contarnos el abuelo junto a la hoguera mientras asaba maíz para tener a todos los nietos quietos. Aunque mi abuelo abundaba en adjetivos y Chris Priestley
solo utiliza los estrictamente necesarios.
Esa es la magia de los cuentos bien contados, no saber dónde está la línea que separa la realidad de la fantasía; los finales que  no se cuentan pero que están escritos en el punto final. Para qué ponerlos en letras si se presienten mientras se desarrolla la acción. Ahí queda el valor del silencio apretándonos el pecho, sonriendo desde nuestra visión de las cosas no dichas.
Y entonces quieres seguir leyendo pero te preguntas qué más puede contarme que sea más terrible que lo que ya leí. Y siempre queda el final menos esperado. Puede que intuido pero solo en parte, porque el desencadenante es imposible de adelantar por muy buen lector que uno sea. 

Intelecto + afecto

Tengo la sensación de que me estoy olvidando de algo importante. Desde el comedor me llega la voz de la periodista diciendo de que estamos en crisis,  que todo va mal. Y yo tengo la sensación de que me estoy olvidando de algo importante. Claro, cómo no. Se me olvida prestar atención a lo que estoy leyendo y dejo vagar mi mente por mi infancia, por la de mis padres, por la de algunas personas que conozco y que al igual que yo, no lo tuvieron fácil. Fui una privilegiada. Los Reyes Magos me traían libros el seis de enero. Recuerdo mi primera enciclopedia de animales. Con sus láminas a color, sus fichas temáticas, y una breve descripción del habitat y forma de vida del animal en cuestión. Mi padre la encuadernó en azul, le puso tapa dura y le pintó en dorado formas pequeñitas. Nunca visité una biblioteca, en aquella época salir de casa era arriesgado. Vivíamos en una dictadura y nada era sencillo. Las bibliotecas estaban vacías de alma y de libros.
Y ahora, cuando parecía que por fin la cosa había cambiado,
resulta difícil ver que los presupuestos del estado o de las comunidades increíblemente no contemplan la posibilidad de comprar libros para las bibliotecas.
Podemos contratar un cuentacuentos, pero de libros, nada de nada. Lo que estos señores de presupuestos  no saben, es que cuando contamos un cuento, abrimos una puerta que ya no se puede cerrar: la de las emociones. Y que cuando un relato nos toca la fibra, no hay presupuesto que valga. Vamos a buscar la referencia escrita o algo parecido. Eso si quien nos ha contado, lo ha hecho bien, de lo contrario, hemos perdido un lector, por supuesto.
En épocas de crisis, se lee más y aumenta la necesidad de escuchar cuentos. No lo digo yo. Es un echo consumado. 
En países terriblemente azotados por crisis sociales como Colombia, el poder del relato es superior a lo que nos podamos imaginar. La gente se reúne a escuchar historias, leídas o contadas  porque hay algo en ellas que no pueden vetar los presupuestos, ni la guerrilla, ni las dictaduras: lazos afectivos que unen a la gente y le dan fuerzas para seguir luchando. Llaves de apertura a recuerdos que nos vuelven feroces y guerreros. Es la memoria, la memoria y la vida. 
La lectura en voz alta hace que reafirmemos nuestra autoestima, que compartamos la intimidad del ritmo de la voz que nos envuelve. Lo que la literatura nos da en tiempos de crisis es afecto, es apego, son referencias, estímulos sensoriales, alimento para la necesidad de sentirse parte de un todo. Fuerza para recordar que hay cosas y situaciones no queremos volver a recuperar nunca más.
Toca revelarnos, leer en voz alta, compartir recuerdos, atesorar pequeñas victorias, decir no quiero esto, quiero aquello otro. Toca enseñar a luchar desde la voz y la letra y eso no es patrimonio exclusivo de ninguna oficio en particular.


Que no se nos olvide nunca: el intelecto se nutre de afecto y de conocimiento, pero si no está el primero, no hay conocimiento que nos ayude a salir indemnes de ninguna crisis, de ninguna batalla, de ningún lugar. 


Parque de las Ciencias - Granada.  www.parqueciencias.com









jueves, 26 de enero de 2012

Sim Ur Uk, la historia sin historia


Desde que recuperé los derecho de autor allá por 2005, tenía muchas ganas de meterle mano a La historia jamás contada, título original de Sim Ur Uk, la historia sin historia, una novela juvenil actualmente publicada por la Editorial M1C (Mil y un cuentos).
Sim Ur Uk, es un camino de iniciación que comienza con un borrón y cuenta nueva de la vieja historia publicada hace años en Longseller (Argentina), y que transcurrir del tiempo y la vida se quedó en una historia ñoña que nada tenía que ver conmigo. Era imposible reconocerme en aquel texto lleno de melodrama. Por suerte para mí y para quienes han leído la nueva versión, le pedí a mi amigo Alejandro Villén que leyera el texto original. ¡Madre mía! Jamás nadie me había hecho una crítica tan feroz y con tanta gracia como Ale. Aún me río de sus comentarios y representaciones, (aplastantes, por cierto). Me reí mucho de mí misma y de aquella voz blanca y condescendiente que miraba el mundo como una maestruli de principios de siglo. Había pensado cambiar solo un par de cositas pero me di cuenta de que la pereza estaba reñida con la literatura y por eso, hice lo siguiente: me quedé con la esencia de aquella obra, y la deshice en un millón de pedazos. Luego, con cariño, la fui reconstruyendo, la modelé, la viví, la palpé y conseguí contar lo mismo, pero con mi voz actual, volcando en ella la experiencia que he ganado con los años. Me faltó tiempo para desarrollar un par de personajes: Ilenkayé e Ignorencia Negrurias. Por eso estoy trabajando en ellas, para dejar todo cerrado. Me lo han pedido los lectores y me lo pide Pepito Grillo. 
He disfrutado como nunca reescribiendo esta historia, y sobre todo, he disfrutado venciendo el miedo a descartar lo escrito. Entendí que no es sagrado; ten solo una manera de contar. Espero que la segunda versión guste más que la primera. 
Y gracias, Alejandro, por la crítica feroz y los posteriores detalles de ilustración en homenaje a mi admirado Michael Ende; gracias a Meri, por el cariño y el celo con que maquetó este libro; al ilustrador Axel por la profesionalidad de su trabajo. Gracias a quienes han cuidado tanto la impresión y el armado. A los libreros por acogerlo y a los lectores por hacer suya esta historia.  Formamos un buen equipo. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Acción - reacción

He creado este blog para poder compartir con vosotros, con todos ustedes, mis vivencias como lectora. También mis opiniones sobre el fomento de esta afición mía que es capaz de transportarme a mundos ideales, a situaciones controvertidas, de hacerme reflexionar, reír, llorar y enfadarme cuando un autor mata o desaparece a mi personaje favorito. La lectura que me emociona y me hace vivir es la que quiero comentar, el resto, prefiero que la reseñen aquellos a quienes por cualquier razón les provoca todo lo que a mi no. Así debería ser este mundo de contagiar la lectura. Un apuesta en positivo que va desde la emoción a la razón, ida y vuelta. 
Gracias por visitarme. Bienvenidos. 

Aracnofóbica reconvertida

Soy aracnofóbica. Pensar en que cientos de arañas pueden invadir mi cuerpo repentinamente me pone enferma. Quizá por eso retardé la lectura de esta novela de Francisco Domene. Hasta hace poco creía que la imagen más correcta de aquello que se siente cuando uno está cerca de la persona que ama o que cree amar, era la de las mariposas. Románticas, bucólicas y asépticas, las mariposas eran una imagen ideal. Demasiado quizá para una emoción que suele carcomernos por dentro; tanto da si el amor es real o ficticio. Y de pronto comprendí que el autor estaba siendo descaradamente provocativo con la imagen de las arañas. Recordé que los hilos del amor se tejen en todas las direcciones y que ese sentimiento nos atrapa en una red de emociones y decisiones que muchas veces pueden dejarnos a merced de errores tontos o de decisiones poco inteligentes.
Arañas en la Barriga. Comencé la lectura con la sensación de que esos bichejos me devorarían y poco a poco fui dejándome atrapar en la tela de una historia de amor adolescente, irracional y humano, que se atreve a todo con tal de vencer el miedo al rechazo.
Quito Cáliz, el protagonista, es un antihéroe moderno, tierno, con cierto sexappeal más teórico que práctico; lo que lo hace atractivo es que su amor  por la misteriosa Laura, es incondicional; tan incondicional como su pasión por el cine al que el autor hace referencia en más de una ocasión. Paco Díaz, es otra cosa. Friki total, capaz de dividir los estereotipos humanos en gremios, y a todos ponerles pegas. Es un apasionado del teatro, un género que le da la oportunidad de enrollarse con una chica estupenda.
Luego está Laura, a quien vamos conociendo a través de la mirada de Quito pero cuya imagen no nos es revelada hasta el último momento. Laura es y no es la persona que el protagonista ama. Ella tiene su vida y la defiende entre el anonimato y la mentira. Una chica sexy, enfundada en una gabardina roja sangre a juego con su pintalabios.
Imágenes cinematográficas para una aventura muy bien escrita, con muchas referencias al cine y algún guiño literario para el lector más activo.
Este libro es de lectura lenta en su primera parte, abunda en detalles de sus personajes pero siempre desde el esbozo, permitiendo al lector que juegue con los trazos que va ofreciendo el autor y que los incluya en el perfil de alguien conocido.
Quién no ha conocido a un Quito Cáliz  o a un Paco Díaz.
La segunda parte del libro bien podría haber sido escrita en algún país sudamericano, con toques de realismo mágico, se nos van planteando situaciones increíbles con soluciones absolutamente inviables pero que sin embargo el autor consigue recrear de manera muy convincente.
El lector queda atrapado por la telaraña y se deja llevar de la mano de unos personajes muy bien delineados, sorprendentes, disparatados y llenos de ternura.
Arañas en la Barriga es una historia de amor y aventuras, con un final de película. 
Terminé el libro y me quedé pensando en aquella vez en que sentí una tropa de arañas en mi barriga cuando entré al aula después de las vacaciones de verano… 

Título: ARAÑAS EN LA BARRIGA
Autor: Francisco Domene (Caniles – Granada)
Editorial: Viceversa
Público: juvenil en adelante



en la foto: Francisco Domene